El turf necesita héroes e historias bien contadas

Parte del secreto está en contar historias. Y saber narrarlas. Se precisa establecer idilios entre la audiencia y el personaje. Lograr un vínculo que acaricie lo romántico. Ponerle sentimientos. Dulzura. A veces drama. 

 En Seabiscuit (la película) se juntaron un jockey frustrado, un entrenador que nadie tomaba en serio, un propietario golpeado por la vida y un caballo inicialmente holgazán para generar una trama atrapante de final esperanzador.  Fue un éxito y no sólo en la taquilla. 

 Las carreras de caballos empiezan y terminan en cuestión de segundos, pero antes y después existen hechos que de ser contados correctamente pueden hacer eterna esa efímera competencia entre herraduras. Y no necesariamente tienen que involucrar al ganador. También hay una historia para contar en el que llega último. O segundo.

 El deporte es terreno fértil en ídolos. Algunos son espontáneos. Otros necesitan ser alentados por la maquinaria de la propaganda. ¿A la industria de las carreras  le está faltando historias originales o simplemente quienes las descubran?  

 Recuerdo el caso de un favorito a ganar el Nacional cuyo peoncito dependía de la victoria para techar su humilde casa.Su historia de vida, llena de necesidades, fue publicada en la contratapa de La Nación. A página completa. El día de la carrera muchos medios enviaron cronistas a cubrir el evento. La mayoría hizo foco en la competencia, pero otros se dedicaron a seguir los pasos del peoncito, sensibilizados por su relato. El caballo perdió  y ya no hubo ladrillos para una casa pobre en Gran Bourg. A una parte de la audiencia le importó poco saber el nombre del ganador. Aquel peón del relato bien contado había sido tan movilizador que lo eclipsó todo.

 En el turf están los que ven la fama  en un triunfo y quienes ven la posibilidad de pagar la factura del gas o la luz si cruzan primeros por ese viejo poste de madera llamado disco.

 El ganada por, el tiempo, el desarrollo, el sport serán importantes como datos duros para una crónica, pero no reflejaran nunca la parte sentimental de una carrera.  Ponerla en letras hoy es fundamental. 

Pues bien. Habrá que salir a buscar nuevas historias para contar. Seguro que están allí, esperando que se las narre. Los lectores, los televidentes, el público esperan ansiosos enamorarse de un personaje. Y lo bueno es que puede ser un caballo también.

Un saludo,

Julio Guimaraes