El hipódromo platense vive horas difíciles / Don Guima

 El hipódromo de La Plata hace agua, edilicia, política y estructuralmente hablando. Es más, para algunos está hundido 70 metros bajo el mar, con la tripulación sublevada y el capitán tiene escorbuto diría una vieja metáfora escuchada mil veces en la redacción de La Nación para graficar daños irreversibles.

El hipódromo, para muchos único sostén de familia, este martes no funcionó porque un grupo de propietarios, profesionales y trabajadores se cansó de la dilación en el pago de los premios obtenidos por sus caballos e hicieron un piquete en la pista.

El atraso no es nuevo. Algunos se adeudan desde hace tres meses y se pagan con cuentagotas. Los caballos corren por premios que mes tras mes se come la inflación. Dueños y trabajadores del turf han venido financiando la actividad sin cobrar lo justamente ganado. Ahora dijeron basta. O un grupo lo dijo.

Empujados por la realidad indisimulable, la administración del hipódromo intentó apaciguar los ánimos prometiendo un plan de pagos a partir del jueves. No hubo caso. La protesta continuó y el hipódromo canceló la fecha de carreras. Cuando las promesas no se aceptan, es porque no se confía en quien las hace. A la administración del Bosque parece que se le cree poco y nada.

Anda de mal en peor el Bosque. La programación no es buena. Hace poco se suspendieron las carreras por el mal estado de las cancha. Ediliciamente el hipódromo parece atado con alambre. Para colmo, otra de sus patas de financiamiento que son los bingos, no recaudan.

Después de aquella suspensión, la Lotería provincial prometió arreglos. Que se sepa aún no comenzaron. O si comenzaron de atrás para adelante.

Toda reunión cancelada genera quebrantos y grietas. En estas últimas de un lado se alinean quienes hubieran preferido correr aún sin cobrar premios al instante porque preparar caballos y dejarlos en el box cuesta caro. Del otro, los que no aguantan más.

Después de aquella cancelación por la pista, el turf esperó un recambio en la administración. Se decía que los actuales funcionarios no conocían el ABC de la industria. Pasó el tiempo y siguen en sus puestos. El problema no son los funcionarios, sino quienes los ponen. No llegan allí por error. Están mandados.