El laboratorio de San Isidro hará control de doping en carreras de Uruguay, pero ... / Don Guima

La hípica uruguaya confía en la argentina, pero parece que la argentina no lo hace en sí misma. 

La sospecha viene a  cuento porque esta semana el turf del país vecino envió al menos veinte muestras de sus carreras al laboratorio de San Isidro para someterlas al control antidoping, confiando en su excelencia, pero aquí no se terminan de convencer de que ese centro debería funcionar como el ansiado laboratorio único para el turf nacional.

Quienes dicen saber aseguran que el centro montado por el Jockey Club está varios cuerpos por delante en la consideración respecto del Cenard, encargado de controlar las carreras de Palermo, y del laboratorio platense, donde cada dos por tres se rompen los equipos. No obstante, habría movimientos de última hora para no acompañarlo  en aquella elección.

La necesidad de tener un laboratorio centralizador fue reflotada hace poco por la Unión Hípica; de ello tomó nota el presidente de la lotería bonaerense, Omar Galdurralde  en una reunión con representantes de la flamante entidad creada por Criadores y Propietarios. Pero en política tomar nota no significa necesariamente acompañar lo mejor. Una pena.

El envío de las muestras uruguayas al laboratorio de San Isidro es el resultado de un trabajo serio iniciado en Montevideo por Pablo Zavaleta con funcionarios orientales, que incluirá convenios tendientes a facilitar el tránsito de caballos entre las dos naciones. También es un halago.

Hay quienes funcionan como facilitadores y otros trabajan poniendo trabas.

No es un negocio quedarse  con el control del doping; es asumir una responsabilidad, es suministrar transparencia, es defender a una industria que podría desaparecer si quienes la sostienen con su presencia se dan de baja. Hay quienes parecen trabajar para eso constantemente.