Terminó el peor año del turf mundial. Lo que sigue es una incógnita / Don Guima

Dos años seguidos vivió la gente de las carreras momentos de zozobra. Dos años en peligro. ¿Serán tres al hilo? En 2019 fue por el temor a perder  el Fondo de Reparación. En el 2020 por la pandemia. Hay quienes dicen que si el turf sobrevivió a aquello, sobrevivirá quinientos años más. Son los más optimistas, pero…

Pero necesita desarrollarse. Algunos avances en el plano tecnológico le permitieron salir de la edad  de piedra en la que se movía; de todas maneras  requiere seguir aggiornaándose para entrar en la etapa moderna.

Consolidar la captación de juego por internet y cubrir el paño en las provincias será uno de los desafíos para el tiempo que viene.  Claro, si la pandemia lo permite.

¿Habrá que prepararse para lo peor? ¿De qué manera afectará al sector hípico la segunda ola?  Dicen que por el rebrote Irlanda está cerca de cerrar los hipódromos nuevamente e Inglaterra las tiendas de apuestas.

En julio, agosto pasado se pensó que la sociedad no tendría plata disponible para apostar cuando volviera el turf producto del parate económico. Error de apreciación. Volvieron las carreras y la gente apostó fuerte. El día del Pellegrini se vendieron cien millones de pesos en boletos, nada menos.

La pandemia plantó la disyuntiva de mantener a un caballo un año para correrlo seis meses o  llevarlo al campo (que es lo mismo que desensillar hasta que aclare). La otra opción era bajarse del negocio. Se sobrevivió, con heridas.

La parte llena del vaso fue que los eslabones de la industria volvieron a juntarse para peticionar por la vuelta del turf en plena pandemia con argumentos sólidos. Se amalgamaron como en 2019 cuando se iba a La Plata para frenar el embate de Vidal.

La parte mala del cuento es confirmar que solamente los une el espanto. Solucionados los temas de preocupación volvieron a mirar su propio ombligo, casi todos.

El otro gran desafío para 2021  será encarar con mayor decisión la batalla contra el doping o los tratamientos terapéuticos no autorizados. El turf argentino tiene más de ochenta (80) entrenadores y/o figurines de cuidadores suspendidos por aquellas causas. Se sabe: cada caso de doping atenta contra la credibilidad de la industria. Habría que preguntarse también porqué un sector de los propietarios sigue apoyando a entrenadores adictos a buscar ventajas antideportivas.¿Esos propietarios también buscan la ventaja?

Los tratamientos terapéuticos no autorizados (casi un eufemismo de doping) no están tan mal vistos por algunos, pero generan los mismos males. Descrédito.

Ningún país tuvo tantos positivos en carreras de Grupo 1 como la Argentina. Y los tuvo desde que analiza sus resultados en Francia, con un laboratorio certificado por la Ifha. ¿Alguien se anima asegurar que no los hubo antes porque simplemente aquí no fueron detectados?

¿Y qué tienen para decir sobre el tema las asociaciones de veterinarios? No es tiempo de quedarse en silencio.

La estadística de La Plata la ganó un figurín de un cuidador suspendido hasta 2028. El hombre en cuestión tiene varios testaferros. Cuando le suspenden a uno lo reemplaza por otro. Quienes le dan caballos para entrenar qué piensan del doping? ¿El fin justifica los medios?

El laboratorio central que proponen Criadores y Propietarios desde la Unión pondrá al desnudo que tal limpio o sucio es el turf nuestro sólo si su confiabilidad es extrema. ¿Cuantos resultados serán cuestionados? ¿Llegará el tiempo en que se testeenn a los potrillos que salen a venta y a los caballos en entrenamiento, pero no anotados.?

La única manera de saber qué clase de caballos se están criando es que los mejores nuestros vayan a correr contra los mejores de afuera. El choque de calidades dirá donde estamos parados. Un par de ganadores de Pellegrini hicieron la experiencia en los ultimos años y volvieron con buenos resultados. No somos los mejores del mundo, pero aquí nacen caballos competitivos.Póngale la firma.

Un saludo,

Julio Guimaraes