El problema no es el laboratorio, sino quien le da de comer / Don Guima

Digámoslo asi. El problema no es del laboratorio, sino de quién le da de comer. El problema no son los cromatógrafos o las pipetas  sino  los entrenadores  que no respetan códigos y llevan a participar en las carreras caballos tratados con sustancias prohibidas. El Laboratoire des Courses Hippiques, de Francia; el del CENARD, el de La Plata son semáforos. La culpa es del conductor que los viola, a coincidencia o no.

En el mundo se habla de doping cuando se quiebran esas normas sagradas;  la palabra tiene el peso de un estigma; tratamiento terapéutico no autorizado se prefiere decir acá, como para suavizar desde la dialéctica el acto de suministrar remedios no permitidos. Prefieren no poner todo en la misma bolsa.

Desde que tengo memoria se habla de tener un laboratorio único. Yo pediría uno bueno, capaz de detectar qué comió un jueves por la tarde un hombre de Neandertal. Es una exageración, ya se, pero sirve para graficar. El problema del laboratorio viene cuando no detecta lo que existe. Y ahí sí que estamos en problemas.

En pos de ganar carreras se ha recurrido a innumerables malas artes. Desde cambiar los frascos u orinar en lugar del caballo en tiempos sin cámaras. Se dice que Coca, Viagra, Maizito, aceite de cannabis son sustancias probadas en las cuadreras para ver cómo responden los pingos. Muchos han muerto antes de cruzar la línea de llegada.

Tener el pase ha sido siempre un  sinónimo de contar con la aprobación "de adentro" para usar productos  veterinarios  a discreción. ¿Mito o realidad? ¿Cada semana hay alguien que sabe qué se busca y qué no? ¿Mito o bolazo?

Entrenadores con fama de amigos de la jeringa tienen el stud llenos de caballos.¿Porque será? Se lo pregunta todo el mundo.

Levante la mano quien daría un remedio antirreglamentario si supiera que el laboratorio no hará controles antidoping. La respuesta tendrá que ver con el grado de honradez de las personas.

Y ahí aparece el tema de la honorabilidad de este deporte, puesto bajo la lupa por tantas infracciones.

Cuando los caballos salen dopados son suspendidos, sus entrenadores sancionados y multados, los dueños pierden sus trofeos. ¿Algún apostador devolvería el dineropor haber acertado a un caballo que ganó con ayudín? Que se conozcan, no hay casos.

Los entrenadores son los responsables finales de lo que ocurre con sus caballos, pero ¿saben de farmacia o bioquímica? ¿Leen los prospectos de los remedios o descansan en los profesionales veterinarios? ¿Entonces, qué grado de influencia y/o responsabilidad puede tener un vete en un positivo? ¿Mucha o nada?

 

Un saludo,

Julio Guimaraes