La peor crisis que haya vivido el turf dejará consecuencias y aprendizajes / Don Guima

El jueves 1 de octubre, cuando vuelva a abrir sus puertas el hipódromo de La Plata, se habrán cumplido 6 meses y 14 días desde la última reunión hípica en las pistas  bonaerenses.

195 días con sus noches. La peor crisis turfística de los tiempos modernos. Tan angustiante para el sector como la amenaza de  intentar quitarle el Fondo de Reparación, el año pasado.

No sé cuánta gente del turf habrá perdido su puesto de trabajo en estos días de pandemia, pero muchos los sintieron pendientes de un hilo. Muy fino.

Desconozco si fueron pocos o no los contagiados por un virus que mata, pero aseguro que la angustia por no saber cómo sigue la historia también enferma. Y mucho.

Algunos cobraron el IFE, otros fueron alcanzados por los ATP. Vieron reducidos salarios casi todos. Apechugaron. Hicieron de tripa corazón. Se comieron ahorros. Se ajustaron el cinturón. Tomaron deuda. Vendieron el coche. Buscaron  changas. Atendieron una verdulería. Vivieron de prestado. Muchos todavía andan en eso.

La pandemia es como una guerra. Deja heridos. También en el turf, económicamente lastimado. 

Durante seis meses la angustia fue la peor consejera. Se temió lo peor. Algunos se la pasaron buscando responsables de la tragedia hípica dentro de las filas de la industria, pidiendo cabezas. Fueron a lo  sencillo. Se quejaron. Lo hicieron siempre. Volverán a hacerlo. Son los del teorema de Baglini.

Otros responsabilizaron de la debacle al gobierno recién llegado. Unos cuantos  volvieron a unirse, aunque fuera por el espanto. Se hizo lobby. Se  quejó en voz alta. Se movieron contactos. Se levantaron teléfonos. Se marchó en paz. Se buscó visibilizar el drama para flexibilizarlo. Se usaron las redes. Face, Twitter, Instagram. Cada usuario convertido en soldado. Hasta llegar con el mensaje a la tele. El hashtag #ElTurfEsTrabajo se hizo himno, grito  sagrado.

La pandemia impuso palabras. Aún lo hace. Tapabocas. Barbijos. Curvas. Camas. Respiradores. Fiebre. PCR. Vacunas. Distancia social. Plasma. Testeos. En el turf dejó de hablarse de caballos, jockeys, trifecta, fijas, borrados...

Los runners volvieron antes que las carreras y los corrieron. Están reabriendo los bares. Los cines y los colegios continúan cerrados. Hay sectores a los que les ha ido -les va- peor todavía.

El intendente Gustavo Posse hizo del pedido para el regreso de las carreras a su distrito uno de sus caballitos de batalla. Como el del Take Away Plus. El 2 de octubre se verán los frutos; suyos y de muchos otros que impulsaron.

¿Será el de Axel en la provincia un gobierno burrero? Por lo pronto, Carlos Bianco y Teresa García pegaron onda con la hípica y prometieron ayudar a levantarla. Y ya no son promesas de campaña. No necesitan votos. En tal caso cuidarlos.

En la Ciudad, José Luis Giusti, Ministro de Desarrollo y Producción, también le hizo un guiño al deporte de las carreras.

Propietarios, Gremiales, Sindicatos, Empresarios, Instituciones empujaron, tejieron, pagaron pensiones. No aflojaron. Son candidatos a recibir el Pellegrini del Año en la próxima entrega.

Volvieron las carreras a Tucumán y las cerraron. El virus decide tiempos y lugares. En el Reino Unido evalúan volver al confinamiento. Boris Johnson dijo que es inevitable una segunda ola.

Cuando pase la pandemia será tiempo de reconstrucción. Hablo del mundo. El mundo turfistico también tendrá que sobreponerse. Pronunciar la palabra resiliencia.

Pronto llegará una App para jugar a las carreras. Cruzo los dedos. Los remates de caballos On Line nos ponen en el siglo XXI. En cuarentena, la prensa hípica tuvo tiempo para aggiornarse. Los lectores la consumieron más que nunca.

Abre San Isidro,  La Plata y Azul. El Argentino ya funciona. También fueron aprobados los protocolos sanitarios para el hipódromo de Tandil.

Pero todavía falta. Falta por ejemplo que abra el subsuelo de Palermo, con   las maquinitas  donde abreva el turf.

¿Algo bueno habrá dejado esta triste experiencia? Dicen que hay que mirar la mitad llena del vaso.¿Pero si no hay vaso? Es la pregunta de los más pesimistas.Yo prefiero pensar lo contrario. 

 

Un saludo,

Julio Guimaraes