El desafío de las carreras de caballos será adaptarse o no sobrevivir / Don Guima

Se viene otro tiempo para el turf argentino. Dios quiera que mejor. Seguro distinto.

Cinco meses de parate fue  mucho. Fue tiempo de angustias, quiebras, esfuerzos por mantenerse a flote, noches sin dormir. La autorización para que Palermo vuelva a hacer carreras llega casi en tiempo de descuento. No se iba a aguantar mucho más de esta manera.

Será el que viene un turf en medio de la peor pandemia que haya afrontado un ser vivo. Soñar con un despegue inmediato de la industria en estos momentos resulta utópico. Acaso siga el tiempo de resistir. De hacer tripa corazón. De apechugar.

El receso por la pandemia dejó algunos aprendizajes y confirmaciones.  La primera que la industria  tal cual la conocemos es vulnerable.  Suena a verdad de perogrullo.

Además, desde hace cinco meses el sector no ha sido visto como uno  esencial, por más fuerza laboral que involucre. La pregunta es si ha sido visto de alguna manera, aunque sea.

En cinco meses, quienes trabajan en el turf salieron varias veces a las calles para exhibir su Odisea, desafiando al bicho con tal de mostrar sus urgencias. No son suicidas quienes trabajan en el mundo de las carreras. La desesperación los ha llevado a cruzar algunos límites.

El esfuerzo de la inmensa mayoría que trabajó para el regreso de las carreras está siendo coronado ahora por el éxito y quedarán satisfechos por el deber cumplido. Los otros, los que nunca hacen nada, se quedarán con un tema menos para criticar.

Las pandemias son como las guerras. Dejan víctimas. Se cuentan muertos. A nadie del turf le dijeron que esta pandemia le saldría gratis. Hay y habrá costos por pagar. Regresar a un estado de satisfacción anterior no será rápido. Y en la hípica no se vivía precisamente un estado de absoluto bienestar. Cada cual tendrá su propia lista de pérdidas, pero nada puede ser peor a no correr. 

Así cuando la intención de Vidal por recortar el apoyo al turf logró unir a sectores de la industria dispersos detrás de un mismo objetivo, la pandemia volvió a aglutinarlos.Parece que el turf necesita vivir en estados de zozobra para hacer causa común.

La pandemia dejó a la vista la ausencia de un liderazgo.

No hay una voz cantante. Hay sumas de conducción.

La vieja normalidad tampoco era un colchón de rosas. La nueva normalidad traerá nuevos desafíos para todos los involucrados. Desde la planificación de nacimientos en los haras, la manera de comercializar productos o de cursar una apuesta podrá ser distinto.

Sobrevivir sigue siendo el lema, por lo menos hasta la llegada de la vacuna o el remedio. Y después crecer, por obligación, necesidad y urgencia.

 

Un saludo,

Julio Guimaraes