El turf salió a la calle para pedirle a las autoridades que se abran los hipódromos / Don Guima

La gente que vive de las carreras de caballos volvió a movilizarse. Ahora se hizo notar en Libertador y Olleros, en Palermo, y en Diego Carman y Márquez, por San Isidro. Reclaman la apertura de los hipódromos cerrados desde el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio.

La movida se hizo para llamar la atención y exponer su crisis; para contarle a la sociedad la desgracia por la que atraviesa una industria sostén de más de 300 mil personas. El tema era poner al sector en evidencia.

Por ejemplo, el Plan Integral y Gradual de Puesta en Marcha de la Ciudad anunciado por Larreta  no contempla al turf. Dicho en criollo, si no estás es ese proyecto es porque no existís. Pareciera que así distingue la Ciudad a una actividad que se desarrolla todo el año a cinco minutos del Obelisco.

Es el mismo plan de apertura gradual que sí tiene en cuenta a los Museos, el Jardín Botánico o los teatros en la calle Corrientes.

Estuvo TN y otras señales cubriendo el corte de Libertador. Cinco minutos en los noticieros es mucho. Quienes hicieron uso de la palabra delante de los micrófonos lo hicieron bien. Explicaron rápidamente la situación. Fueron al punto, sin perder tiempo. Tener las cosas claras y quienes puedan expresarlas hace al éxito de una movilización cuando llegan los medios.

Como ocurre con todas las actividades todavía cerradas, la necesidad de abrir choca con la realidad de nuevos contagios en la zona AMBA. Y aunque no se dan entre gente de las carreras nadie está exento de ser noticia.

¿No se deja hacer carreras para  cuidar la salud de la gente del turf o para impedir que el virus circule en los hipódromos como lo haría en un Shopping? 

Aún sin carreras, el turf no detuvo su maquinaria. Cientos de personas siguieron trabajando a diario con los caballos sin enfermar ni enfermarse. Hacer carreras no sería peligroso porque la circulación de personas en las pistas resultaría minima. No solamente sería a hipódromos sin público; también a hipódromos semivacios de trabajadores. 

Las carreras volverán y habrá que ver cómo vuelven los apostadores, sostén de la industria.

Ellos han sobrevivido a cuatro meses sin carreras y hay que ver cómo reaccionan cuando las tengan disponibles. ¿Apostarán fuerte por todo lo que no pudieron antes? ¿Mantendrán encendido el fuego sagrado? ¿Les dará el bolsillo para jugar?

No sólo habrá que trabajar para poner a un caballo en las gateras; también en volver a entusiasmar al burrero. El hombre de la tribuna tendrá que adaptarse a una nueva normalidad. La primera es que ya no tendrá tribuna donde ir.

Se está, pues, en manos de la política, de los sanitaristas y de los burreros. Y estos últimos pueden tener la última palabra.