Gurí Ojeda fue un cuidador de caballos de referencia; murió a los 87 /Don Guima

Murió Gurí Ojeda. Juan Pablo tenía 87. Murió un grande. Se está muriendo parte del palo de los mil de San Isidro. Falleció producto de los achaques de la edad. Murió un cuidador de caballos de carrera con mayúsculas. Se retiró hace tiempo. Se jubiló del turf. Se puso un kiosco. Fue místico. Un día  viajó a conocer a la madre Teresa de Calcuta. Un buen tiempo vivió en el Hogar de Ancianos de la Gremial del Turf. La muerte lo encontró lúcido.

Gurí era un hombre culto, leído, educado. Y un cuidador seguro. Preparaba a sus caballos como para no errar.Y cuando se jugaba los boletos erraba poco. Integró una camada de entrenadores de los que había que aprender: Julio Penna, los Giovanetti, Pochi, Salvatti, Bianchi, Maldotti, Ferro. Todos de referencia. Irrepetibles.

Gurí usaba pañuelo al cuello o panamá. Religioso saco, corbata y prismáticos las tardes de grandes premios.

Ganó las carreras que había que ganar. Las Pollas de Potrancas con Taba y Manzanera con Pablo Sahagian, el único que pudo hacerlo en condición de aprendiz.

Sabía de turf, de pedigrees, de hipódromos y aún desde afuera de la actividad tenía opinión formada de la actualidad hípica.

Nicolás, Daniel, Orfilio ahora El Gurí. Apellido célebre el de los Ojeda para el turf. Apellido que ha dejado huellas. De Yatasto a Manzanera.