Juan Esteban Bianchi siempre supo que era un grande / Don Guims

JUAN BIANCHI SABÍA QUE ERA UN GRANDE

 

Juan Esteban Bianchi la venía peleando desde hace tiempo. Le dolían sus 87 años, últimamente. Acaba de fallecer este jueves, a la madrugada, en la cama de su casa. Cuando se fue, con él estaban en sus hijos Juan Carlos y Alicia.

Con la muerte de Don Juan muere una parte grande del turf argentino. Muere un ídolo. Muere el Mago de Capitán Sarmiento y nace la leyenda.

El día que surja el Salón de la Fama del Turf nacional, Don Juan inaugurará la lista de entrenadores que deberán ser incluidos, junto con Lapistoy y Julio Penna. 

Piense en un gran entrenador de caballos del mundo entero y seguro que Juan era mejor. Juan era un grande y además lo sabía. No necesitaba hacerse el modesto. No escondía su talento. En estas horas, fueron muchos quienes lo sindicaron como el mejor preparador de caballos de la historia argentina. Y no le erran.

En la cancha era bravo. Exigente. De hacerle caso a la opinión del jockey, a su impresión y a lo que decís el reloj. Llegó a entrenar más de 150 caballos. Fue uno de los últimos exponentes de los cuidas de la guardia vieja. De la época de Lemma, Pochi, Adolfo, Chiquito o Fregonese. 

Murió Juan. El que trataba al otro de usted, por respeto y porque en el campo no se acostumbraba a lo contrario. Era de dar la mano y apretar fuerte.

La lista de grandes carreras ganadas por Juan Esteban no tiene punto final. Parece infinita, como la cantidad de jockeys a los que hizo cruzar. 

Pero qué te voy a hablar de Bianchi si seguro que a vos, propietario, te cuidó un caballo y te lo hizo ganar.

Juan tuvo homenajes en vida. San Isidro puso su nombre a un clásico. Merece una avenida. 

Entreno cracks y forjó campeones. Juan tuvo hijos, acaso haya plantado un árbol, le faltó escribir un libro.