El turf argentino necesita tener un plan, un proyecto, un objetivo / Don Guima

Días atrás alguien me dijo: "No es cierto que cuando este asunto del Coronavirus se acabe, el mundo será distinto y un lugar mejor donde vivir. Será exactamente igual porque adentro del mundo estamos todos nosotros; para ser mejor tendríamos que irnos". Se podrá coincidir o no con el pronóstico.

 

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El planeta Tierra  tiene 194 países y todos están en riesgo por el Covid-19. Es la casa de 7500 millones de individuos; buenas y malas gentes. En la Argentina viven 44 millones de personas; de ellos 320 mil tienen relación con la industria de las carreras de caballos. Significan menos del 1 por ciento de la población desde Ushuaia a La Quiaca. Son el 0,004 por ciento de la población mundial. Menos que una pelusa. 

Interiorizarse por ellos puede ser una pequeñez, pero también viven y hoy lloran por lo que les pasa.

Inglaterra, cuna de las carreras de caballos, suspendió el turf desde mediados de marzo y si las carreras no regresan antes del 1 de julio le habrá costado a esa industria más de 200 millones de libras. La Autoridad Hípica Británica (BHA) y los componentes de las sociedades de carreras tienen listo un protocolo para volver a correr apenas las autoridades se lo permita. Están pensando en comenzar con los hipódromos de segunda línea. Se trata de producir ingresos.

Argentina frenó sus carreras al promediar marzo y en el primer mes de receso no habrá repartido en premios cerca de 150 millones de pesos, de los cuales el 4 por ciento hubiese servido para parar la olla de la peonada, el eslabón más débil del sector.

De los 12.000.000 de argentinos anotados para cobrar el Ingreso Familiar de Emergencia de 10.000 pesos dispuesto por el gobierno de Alberto Fernández , muchos fueron peones de stud. Porque en el turf,se sabe, hay una gran porción de laburantes  que lo hacen en la informalidad.

Esos 10 mil pesos no les solucionará mucho, pero servirán para tirar un par de días cuando por efecto de la pandemia algunos puedan quedar afuera de la manga de los viernes.

San Isidro volvió a anunciar que tiene un protocolo sanitario listo para aplicar apenas la lotería provincial autorice el regreso de las carreras. Es bueno que haya un plan.

Los dueños de los caballos, los criadores, entrenadores, jockey y demás asalariados del turf necesitan ver una luz en el fondo del túnel. 

Tener una expectativa a corto, mediano o largo plazo les dará esperanza y una oportunidad para organizarse.

Los psicólogos dicen que una expectativa te aleja de la muerte. Ir detrás de la zanahoria, tener un objetivo y querer alcanzarlo, forma parte de la vida. Sin objetivos no hay nada que te separé de la muerte. La gente del turf también necesita de algo a qué aferrarse.

Las carreras volverán sin público en las tribunas y sólo cuando se habiliten  canales de juego. Sin apuestas no habrá carreras. Así de sencillo. Para que haya agencias hípicas funcionando habrá que flexibilizar la cuarentena y por ahora están lejos de ser declaradas actividades esenciales.

El gobierno no piensa retroceder ni un centímetro en  todo lo ganado porque alguien quiera jugar cuarta el siete o el 23 a la cabeza. Sólo podría considerar a las casas de quiniela si entiende que lo  captado en apuestas permite obtener recursos para destinarlos a gastos sociales. Turfitos y Pingazos podrían tener una chance en ese escenario.

Igualmente, habrá que ver qué capacidad económica para apostar tendrían los clientes en una época de clara recesión.

Media biblioteca dice que en tiempos de vacas flacas el juego crece y otra que se contrae.

Quienes alientan al juego on line como la panacea del Turf se acaban de enterar que en Gran Bretaña ya no se podrá apostar con tarjetas de crédito. La decisión rige desde ayer y busca proteger las finanzas de los jugadores que apuestan dinero que no tienen.

Tener un plan, se dijo, es necesario para vivir. Un grupo de preocupados integrantes de la comunidad hípica, delineó uno propio con ideas para poner en práctica cuando vuelvan las carreras. Proponen que haya reunión 3 veces por semana con grupos reducidos de participantes; también una suerte de carreras no computables a los efectos de los cambios de categorías y tomar una porción mayor de la retención al sport para destinarla a los premios.

El proyecto es perfectible, pero interesante para instalar un debate de ideas sobre un tema del que oficialmente poco se habla. El turf, se insiste, necesita un faro.

De las crisis surgen oportunidades porque obligan a salir de cierto estado de comodidad para superarse. Los remates de caballos on line, como consecuencia de no poder reunir compradores bajo el mismo techo, se descubrió como una nueva plataforma desde la cual seguir haciendo negocios cuando pase la pandemia, inclusive. 

La crisis de la salud mundial obligó a todos los sectores. También a los medios, obligados a ser más creativos.

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Si el mundo será un lugar más agradable donde vivir cuando pase el Coronavirus, si cambiarán los paradigmas o todo seguirá igual está por verse. Mientras tanto lo importante será cuidarse todo el tiempo para estar allí, cuando haya que ser testigos del futuro.



Un saludo,

Julio Guimaraes