Maldito virus, bendita agua y jabón / Don Guima

¿Qué vamos a hacer cuando llegue la próxima pandemia? La última de las grandes ocurrió  en 1920. Conocida como Gripe Española, mató entre 40 y 50 millones de personas. La Porcina, el Ébola, la Aviar dejaron miles de bajas. Mató el virus y mató la economía porque generó pobreza.

 El planeta estaba preocupado en otras cosas cuando alguien se comió un murciélago crudo en una provincia de China y comenzó el principio del fin para muchos. Brexit, precio del petróleo, guerra en Libia, terrorismo internacional,  Venezuela... El Covid-19 agarró al mundo distraído y con las defensas bajas. 

Lo enganchó mal preparado y con una capacidad de reacción diferente en cada nación. 

Los científicos dicen que morirán personas sin distinción de raza, sexo o religión. Una de ellas puede ser tu hijo, tu madre, nuestro vecino. Usted y yo mismo podríamos ser incinerados si nos toca el coronavirus. En España ya están utilizando camiones frigoríficos para almacenar cadáveres.

Nunca imaginé escribir lo que estoy escribiendo. Lo hago y me  estremezco

Hace un rato escuché por CNN que en los EE.UU.podrían morir 100 mil personas en breve. Es entre cuatro y cinco veces los norteamericanos caídos en Vietnam. Trump ya se dió cuenta. La peor tragedia desde las Torres Gemelas.

Y mientras el príncipe Carlos tuitea que se curó de la enfermedad, lo que significa una buena entre tantas pálidas, en Italia murieron otras dos enfermeras. 

Entonces digo. No seamos giles. No salgamos ni a la vereda. Aprovechemos que tenemos casa.

Habrá  vida después de la pandemia,  lo digo apoyándome en la historia de la humanidad.. Y entonces habrá que ir pensando en qué haremos para protegernos cuando llegue la  próxima gran enfermedad.. Porque vendrá seguro. Es nuestro deber comenzar a prepararnos ya mismo. ¿Cómo? Por ejemplo exigiendoles a nuestros gobiernos que destinen mayores presupuestos en salud y ciencia y menos a gastos bélicos.

Suelo escribir artículos relacionados con las carreras de caballos. Escribiré ahora algunas línea referidas a ellas.  La de industria del turf caerá en depresión en todo el mundo por algunos meses. Vendrán semanas muy duras. Algunos perderán sus empleos y les costará encontrar uno nuevo. Gran Bretaña, líder mundial en la materia, ya armó un plan de contingencia para asistir a sus actores mientras dure el cierre de sus hipódromos. San Isidro dice tener un protocolo y estar preparado para reanudar la actividad apenas le den luz verde. Palermo también prioriza la salud de las personas y desde adentro se escucha que no hará carreras hasta el segundo semestre. Mientras tanto, en La Plata las pistas siguen cerradas y algunos entran a las escondidas para suministrarle a los animales los cuidados básicos. Se dice que ya se tendieron puentes con las autoridades de manera de poder liberar las pistas un par de horas al día. 

El turf es trabajo y si no hay turf no hay trabajo para 80.000 familias. La peonada es el eslabón más débil. Cómo en una mano lava la otra y las dos lavan la cara, comenzaron a circular cadenas para armar donaciones. Plata para pagar la carnicería de los vareadores. Para el plato de comida.

Quienes manejan buena información aseguran que si el 13A se levanta la cuarentena y se autoriza a correr sin público, el Bosque podría llamar sin dilaciones a pruebas sobre 800 o 1000 metros. 

En un mes sin carreras se habrá perdido de repartir más de 150 millones de pesos en premios. 

En la desesperación por no saber cómo sigue el juego, se reclama justamente por el juego on line para los hipódromos como solución de urgencia. Jugar  por Internet le valió al turf de Hong Kong seguir recaudando las mismas cifras que antes de la pandemia. 

Para cuándo se reanuden las carreras, el turf local debería ser autorizado por sus organismos de aplicación a captar apuestas por internet, lo que sería darle un remo en el medio del mar.

Tener un nuevo punto de venta en cada tablet o celular del país representaría millones de agencias virtuales y sería, acaso, el primer paso para independizarse del Fondo de Reparación. Si se va por esa senda habrá que dar pasos cortos y seguros. Por ahora, el FdR es tan vital como los respiradores en la pandemia.

 

Un saludo,

Julio Guimaraes