Murió Bartolomé Mitre: amaba el periodismo y los caballos / Don Guima

Murió Bartolomé Mitre,el director del Diario La Nación. Tenía 79. Hace tiempo que la venía peleando con sus problemas de salud. Era el Doctor Mitre o Bartolo para los más íntimos. Fue quien condujo la mejor redacción de La Nación que yo haya conocido y un amante de los caballos silencioso.

Mitre, Bartolo, fue uno de mis jefes. No lo parecía. Él director. Yo Jefe de la Sección Carreras en La Nación. Cuando bajaba desde su despacho en el quinto piso del edificio de Bouchard 557 al cuarto donde funcionaba la redacción, todo se paralizaba. Cuando pasaba por el sector Carreras se sentaba a estudiar la Rosa, como si nada.  Los miércoles había que enviarle La Blanca a su escritorio en sobre interno, cerrado. 

Épocas del Gordo Cardoso, con quien sostenía interminables charlas, y de José Claudio Escribano en la Secretaría General.

Dueño del haras Pavón, a Mitre le fascinaban los caballos árabes y los de carreras. BM eran las dos letras iniciales con las que bautizaba a sus árabes o angloarabes en La Pampa. En la Rural, dividió honores con los exquisitos de Federico Zichy Thyssen. El magnate  era su archirrival en la cría.

Hubo un tiempo en que le cuidó Ever Perdomo en San Isidro. Perdomo tenía cientos de caballos y muchos de otros patrones de Barrio Norte. Fue un día de cualquiera de 1990 cuando se los envío a lo de Cacho Sarfiel en La Plata. Bartolo necesitaba de un cuida con el que pudiera tomar un mate a la mañana tranquilo antes que un trainer al que acceder primero por una secretaria.

Luego probó también con Coco Bullrich y Abdón Palomo. Ir al remate anual de La Quebrada con Miguel Lagos Mármol, comer un puchero y comprar un caballo era un clásico del director de La Nación, que llegó a presidir el Stud Book Argentino.

Mitre fue uno de los impulsores de las Carreras para Caballos Árabes en Palermo y seleccionaba en persona las fotos que se iban a publicar en el diario.

Hubo una época en la que por cuestiones de espacio los resultados de las carreras debieron achicarse. Recuerdo una instrucción suya  precisa, casi la única orden que me dió en más de 20 años de trabajar juntos. "No importa si no sale el nombre del caballo ganador en los resultados, pero no deje de publicar quien lo crió", me dijo. Bartolo sabía cuánto significaba ese detalle para los cabañeros.

La última vez que estuvimos juntos fue antes de irme de LN. Su secretaria, Clara, me hizo llegar un mensaje diciendo que el doctor me esperaba en su casa de Belgrano. Pablo Sirvén, Carlos Pagni, Raimundo Roberts, Alicia de Arteaga y algún periodista más fuimos recibido por Nequi  Galotti. Ninguno sabíamos la razón de la cita. A los postres nos reveló que quería compartir con gente a la que apreciaba que estaba bien de salud. Era una noticia para celebrar por entonces.

Tuvo que volver a pelearla Bartolo después y años más tarde -ahora- falleció y se hizo invisible. Reposará en la bóveda familiar de la Recoleta, junto con el otro prócer de su familia.

Un saludo,

Julio Guimaraes