PARA PABLO FALERO, OTRA VEZ, VOLVER A EMPEZAR / Don Guima

Pasadas las siete de la tarde del sábado, Pablo Falero se bajó de la montura de Roman Oak para no volver a subirse nunca más a una silla en la Argentina.

La próxima función la dará en Maroñas, tratando de llevar al triunfo a Olympic Harvard en el Ramírez.
Doce veces ganó el Olimpia, dieciocho la estadística de pilotos, en catorce oportunidades salió Jockey del Año, dos veces ganó siete careras un mismo día. Pablo compitió en 46.000 carreras en Argentina. Si todas hubieran sido de mil metros, podría decirse que dió la vuelta al mundo a caballo.

Ya está. Se acabó. C'est fini. It's over. El jockey al que admiraría Legui si viviera, se apresta a mirar desde ahora las carreras desde las tribunas. El jockey escuela dará paso al cuidador.

Uno quisiera que haga la gran Gary Stevens, que colgó la fusta y después volvió, pero no hay mucho margen para ilusionarse con eso.
Pablo se va porque no quiere que el turf lo jubile. Alguna vez le dijo a este cronista que comenzaban a dolerle los brazos cuando bajaba el látigo. Estoy seguro que al cincuenta por ciento, Falero sería mucho mejor que muchos jockeys. Pero el hombre es exigente.
Este domingo recibirá un homaneje de la gente de Trote y el día de Reyes estará en Montevideo despidiéndose de Maroñas.
Ya fue. Comienza el mito. Comienza una nueva etapa de Pablo Gustavo Falero. Volver a empezar.

 

Un saludo,

Julio Guimaraes