ROMAN JOY PELEÓ TODO EL AÑO POR UN GRAN TRIUNFO Y LO CONSIGUIÓ EN EL JOCKEY CLUB / Don Guima

Roman Joy perdió varias de las buenas carreras del año reservadas para los caballos jóvenes, pero ganó una de las dos más importantes del calendario.

En un final digno de una película de Alfred Hitchcock, batió por medio pescuezo a Imperador en el Gran Premio Jockey Club (G1- 2000 mts), para consagrarse sin dilaciones como el caballo campeón de 3 años en la pista de césped del hipódromo de San Isidro, uno de los más bellos de Sudamérica.

Con un cuerpo que
supera la media tonelada de peso y lo que eso significa para moverse en un terreno pantanoso, Roman Joy se adelantó por poco a Imperador, el potrillo ganador de las 2000 Guineas (GI), de agosto último en el mismo escenario.


Hijo de un padrillo hipergeneroso como Fortify, Roman Joy sufrió complicaciones en algunas carreras previas derivadas de no ser demasiado listo para salir de los partidores. Correr en los lugares de retaguardia para avanzar posiciones en el final no fue una elección propia; resultó fruto de las circunstancias.

"Siempre salía despacio; yo prefiero un caballo rápido en el comienzo para poder decidir después en qué puesto lo ubico; pero está vez Roman Joy arrancó muy bien", dijo Ortega Pavón, su jockey, quien en 2019 ha ganado 235 carreras en Argentina y 2414 desde 2006.

Entre el cuarto o quinto puesto fue una posición en la que se sintió cómodo Román Joy, mientras Devil Camp, Sidney Seiter e Imperador le ponían velocidad al segundo desafío de la Triple Corona.

Miriñaque había ganado en septiembre el primer paso de esas tres estaciones que se completan con el Derby argentino, de noviembre.

Miriñaque viajó los 20 kilómetros que separan a su establo en Palermo con el hipódromo de San Isidro llevando doble custodia. Durante la carrera sus rivales también lo custodiaron de cerca y cuando el tordillo encontró libertad para avanzar lo hizo con fuerzas, aunque le sirvió solamente para trepar hasta el cuarto puesto. El sueño de tener un caballo ganador de la Triple Corona se esfumó en ese acto.

Roman Joy se convirtió en perro de presa cuando se le abrió la pista para dar su último golpe de velocidad. Tomó contacto con Imperador cuando faltaban 200 metros y juntos lucharon por la victoria. Los perros de presa son aquellos que no sueltan cuando atrapan.

El dueño de Roman Joy es Carlos Felice, quien ganó el Gran Premio Jockey Club (G1) de 2017 con Village King. Hay quienes pasan una vida tratando de participar en una carrera de tamaño nivel; Felice, un abogado, político y dirigente sindical, lo hizo dos veces en los últimos tres años y siempre ganó.

"En la noche del viernes yo pensaba que Roman Joy no podía perder; había mejorado físicamente respecto de su anterior carrera, cuando fue segundo, y el trabajo ya estaba hecho. Pero luego vino la lluvia y cambió el estado de la pista. Allí me dije que estábamos en las manos de Dios", dijo el dueño de Roman Joy.

De aquí a fin de año, puede afrontar dos nuevos desafíos. El primero sería correr el Gran Premio Nacional (G1) en el Hipódromo de Palermo, el mes próximo, y en diciembre el Gran Premio Carlos Pellegrini (G1), enfrentándose a los caballos adultos.

 

 

Un saludo,

Julio Guimaraes