EL ROMANTICISMO Y LA ÉPICA DE LAS CARRERAS SE CONJUGARON EN PARÍS / Don Guima

La torre Eiffel, el Sena, el el Louvre, Champ Elysées, Enable. ¿Enable? Si, claro. La yegua ya mismo debería ser declarada de Interés Turístico Nacional y dejarla a vivir aquí, en París, para que todos la admiren. Aún en la derrota, fue inmensa la británica.

Se le escapó su tercera victoria en el Qatar Prix de l'Arc de Triomphe. Fue segunda. Tenía que ser un caballo de André Fabre el que acabase con su serie de primeros puestos. Ella iba por el triplete. El entrenador consiguió el octavo éxito en la prueba suprema de Francia.

André podrá contarle a sus nietos y estos a sus hijos que preparó antes de Waldgeist también a
Trempolino (1987), Subotica (1992),
Carnegie (1994), Peintre Célèbre (1997), Sagamix (1998), Hurricane Run (2005) y Rail Link
(2006). Siete primeros, trece places y 74 participaciones para quien disfruta del turf como del polo, y si es del Abierto de Palermo mejor.

Enable pagaba 1,50. Si las victorias se dieran por la cantidad de apuestas recibidas ella hubiera ganado por varios cuerpos. Si las victorias se dieran por el entusiasmo, el champagne se descorcharía temprano.
Y en eso estaba el público visitante del hipódromo, descorchando botellas ya antes de que la potranca Albigna ganara el Prix Marcel Bousac (GI), con el que abrió en programa de carreras.

Por 75 euros los 750 centímetros cúbicos se iban poniendo alegres quienes no preferían una cerveza Guinness, que va ganando espacio a la hora de celebrar.

¿Golpe a la ilusión o heroína igual? Lo de Enable fue ambas cosas.
Porque se juntaba la mejor yegua del mundo, el mejor jockey del planeta y el hipódromo impar para generar un resultado que no podía ser otro que victoria. No lo fue, pero nada se le puede reprochar a una yegua vecina de la perfección.

Frankie Dettori tomó la derrota sin dramatizarla porque no ganar no fue un fracaso. Apenas montado y antes de salir a la pista el piloto le dió un beso en la tabla del pescuezo. Antes de bajarse, sin Salto del Ángel esta vez, repitió el ceremonial.

John Gosden, su cuidador, tampoco perdió la sonrisa. No era su día para quien antes ganó el Arco también con Golden Horn, montado por ilatiano.
Gosden dejó Longchamp luego de que el equipo perdiese además el Prix Longines de L'Opera. Me lo crucé a la salida, caminamos juntos y no se animó a decirme si la campaña de Enble está acabada.

Todo estaba preparado para un festejo del que finalmente se sirvió Waldgeist, que no era precisamente un don nadie. Había ganado el Prix Foi (GII), que es la preparatoria para el Arco; el Prix Ganay (GI) y sido cuarto en la version 2018 del Arco; ademas un caballo al que Fabre llevó a correr a Ascot, a Sha Tin y a Churchill Downs por considerarlo bueno. Hijo de Galileo, será futuro padrillo.

Los francés suelen decir Oh là là cuando algo los sorprende. La inesperada derrota de Enable los dejó pasmados. De saludar con aplausos una victoria segura, del ¡Allez Dettori! al silencio absoluto en 50 metros. Los últimos.
Se cansó la yegua arriba, pero no tanto como para quedar desguarnecida. Sólo el alazán de Fabré logró alcanzarla con un remate de 12.72/100 para los cien finales. Ella remató en 13.40/100 tras haber desplegado una velocidad máxima 64,8 kilómetros por hora en un momento de la carrera.

André Fabre no es de los más expresivos. Tampoco lo fue luego de ganar su octavo Arco. Fabre es de ir seguido a la Argentina, es amigo de los Zavaleta. Con Matías Villamil el año pasado compró a la potranca Nastia, ganadora del Selección el sábado. En el futuro será madre en el haras de Saint Laurent, de su esposa Elisabeth. Luego del Arco, este cronista se imaginaba una futura cruza entre Waldgeist y Nastia.

 

 

Gosden no perdió la sonrisa

Un saludo,

Julio Guimaraes