ANTIDÓPING. VIVIR CON EL JESÚS EN LA BOCA CADA VEZ QUE LOS ANÁLISIS SE HACEN EN FRANCIA / Don Guima

Volvió a pasar. El Laboratoire des Courses Hippiques informó dos positivos en los análisis que practicó sobre las muestras enviadas por San Isidro correspondientes a los grandes premios de la jornada del 25 de mayo. Pure Nelson, ganador de la carrera patria, y la potranca Grantland, tercera en el GP de Potrancas, no aprobaron el test y si así lo confirma la contraprueba perderán las posiciones alcanzadas en la pista y serán suspendidos junto con sus entrenadores. Trascendió que el caballo dio positivo a dexametasona y la potranca a disopropilamina. En el caso de esta, se escuchó que su enterno aceptaría el resultado del primer informe.

 

La novedad cayó como un balde de agua fría en el círculo rojo de la hípica, sobre todo porque los participantes de aquellos Grupo 1 habían pasado por un examen pre competitivo, lo que acercaba la tranquilidad inicial de estar todo bajo control.

 

Desde que San Isidro confía al laboratorio francés las pruebas antidoping para sus carreras más importantes, es la primera vez que se el Laboratoire des Courses Hippiques le informa de casos sospechosos.

 

Palermo también acumula episodios similares: cinco confirmados en el año y uno en proceso, con el agregado de que cuatro de ellos dieron positivo a más de una droga. 

 

En su intento de cuidar los resultados, la Fundación Equina Argentina (FEAR) también ordenó  controles pre carrera sobre todos los anotados en su serie de G1. Se hicieron el día siguiente de recibir las anotaciones. Siete de ellos dieron positivos; uno, se dice, a estricnina e inmediatamente se lo dio de baja. De aquellos siete, cinco pasaron por un segundo control antidoping y en el nuevo test salieron limpios, confirmándose sus presencias en los partidores, este sábado.

 

El estado de cosas dejó de ser preocupante para ser alarmante. Argentina tiene el triste récord de ser el país con mayor número de infracciones a la ley de doping en las carreras de caballos. El año pasado se terminó con más de 150 casos.  Y cada semana se conocen más. Por ejemplo, este martes 25 La Plata le dio cuatro años a Humberto Delli Quadri por el positivo a estricnina de Biscara, ganadora a comienzos de mayo en el Bosque. 

 

Muchos sostienen, bien orientados, que el dóping es una cuestión cultural ya arraigada en el mundo de la hípica local; otros lo minimizan, como si se tratara del folclore de este deporte. Otra línea de pensamiento justifica competir bajo el influjo de la veterinaria porque con tanto caballo limitado de medios sería imposible hacerlos correr a pasto y avena. Guardados en un box, cuentan, los caballos no producen.

 

La batalla contra el dóping es tan difícil como la guerra contra la droga. Preparados mágicos  se venden por Internet, sin conocerse sus fórmulas, con la promesa de multiplicar el rendimiento de los caballos en las pistas. Muchos lo usan en las cuadreras, donde no hay control de doping. Algún incauto también puede usarlo para competir en los hipódromos formales y luego quedar expuesto a las consecuencias.

 

Tomar ventajas antideportivas es desleal. Quien lo hace a sabiendas se ubica entre los enemigos del turf organizado. Quien lo hace por torpeza o negligencia, debería pedir disculpas públicas, cuanto menos. De acá a fin de año, el laboratorio francés hará exámenes antidoping en casi una treintena de G1; se esperarán sus resultados con el Jesús en la boca.



Mientras el laboratorio del Jockey Club trabaja para obtener su certificación como laboratorio de referencia de IFHA, lo mejor que le pueda pasar al turf argentino es seguir confiando sus anàlisis en el Laboratoire Des Courses Hippiques, cuya sensibilidad para detectar sustancias prohibidas es del más alto nivel.

 

Los casos de doping son indeseables, claro está, pero una vez ocurridos y detectados queda el consuelo de las sanciones para limpiar del sistema a los ventajeros.

 

¿Qué pasaría si todos los caballos fueran al control sin importar cómo hayan corrido?. Acaso se hubieran detectado miles de positivos confirmando la teoría de que los 150 del año pasado fueron sólo la punta de un iceberg. Claro es contrafáctico.

 

Un saludo,

Julio Guimaraes