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EL DOPING MATA. ESTÁ MATANDO LA CREDIBILIDAD DE NUESTRO TURF / Don Guima

Dígale doping. Dígale tratamiento terapéutico no autorizado. Dígale infracción al Articulo 36 del Reglamento General de Carreras. Llámelo como quiera. Lo cierto es que el Laboratoire des Courses Hippiques, de Francia, informó otros tres casos de resultados positivos en las muestras que, desde Palermo, le confiaron para ser analizadas.

Puntualmente, correspondieron a las de caballos que participaron en la serie del 1 de mayo. Los tres eventos nuevos se suman a los dos conocidos la semana anterior y es el sexto si se toma en cuenta el del Gran Premio de Honor.

Dígalo en forma elegante o sin vueltas. El turf argentino está problemas. Y en uno grandote. Para colmo no es cosa nueva. Viene de hace años. No se arregla ya con un laboratorio único ni con diez. Si fuera futbol, daría para roja directa.

Preparados mágicos, pócimas, cocktails, polvitos, cocaína, estricnina, viagra ... En la búsqueda por encontrar lo artificial para ganar carreras, la mafia siempre saca ventajas. Se les corre desde atrás. A veces se los atrapa, pero no acaban entre las rejas.

La droga mata. Termina más temprano que tarde con la vida de los caballos y pone en riesgo de muerte a los jockeys que los conducen. No se trata sólo de atender la sanidad de los animales; también la de quienes van en las monturas. Dios no quiera, pero el día en que un jinete quede mal por haber montado a un caballo "explotado" en carrera, muchos entenderán de qué se está hablando.

Asimismo, las sustancias medicinales deben servir sólo para curar caballos enfermos, no para ganar en las pistas. Algunas sustancias no toxicas también están prohibidas para la competencia. Su uso excesivo está penado. La ley del turf así lo dice. Y la ley debe ser cumplida. Por todos.

No hay antecedentes de una carrera de Grupo 1 con un triple positivo como el Gran Premio Ciudad de Buenos Aires, donde el ganador, el tercero y el cuarto clasificados fueron informados.

Desde "tener el pase" al "dar lo que el laboratorio no busca", el tema del doping en nuestro país forma parte de las entrañas del turf. Está enquistado. Es la constante cuando debería ser la rara excepción. Es tristemente folclórico, casi una tradición.

La información de que en todas las carreras se sacan muestras para analizarlas debería servir suficientemente para convencer a los más pícaros de no pasarse de la raya; pero lo hacen igual porque casi no pagan consecuencias.

Sería interesante saber qué porcentaje de todas las violaciones a las reglas de medicación en los últimos años en la Argentina fueron con sustancias de la Clase 1. Daría la impresión de que han subido notoriamente.

No se trata de qué laboratorio haga el test. Y ojalá siempre sea el más preciso. Se trata de que los buenos -que son mayoría- quieran expulsar a los malos del sistema. Porque una actividad que no se puede autorregular, no tiene derecho a existir.

Ningún medio periodístico del exterior se hizo eco, todavía, de las malas noticias que lesionan la credibilidad del turf nacional. Tampoco los grandes periódicos locales ni los sensacionalistas se ocuparon del tema. Y eso puede ser por dos cosas. Porque el turf no le importa a nadie o porque ya está muerto y no nos hemos dado cuenta.

Un saludo,

Julio Guimaraes