EL TURF NECESITA DE UN ARREPENTIDO QUE CUENTE QUE PASA CON LOS DOPINGS CON COCAINA / Don Guima

Al turf argentino le está faltando un arrepentido. Alguien que haya estado metido en ese acto criminal que es darle cocaína a un caballo de carrera y pueda contar el cómo, cuándo, dónde porqué y para qué de las cosas.

 

El turf necesita de rápidas respuestas a esas cinco preguntas básicas que suele hacerse el periodismo. Y si quienes pudieran darlas no las aportan, será menster empezar ya con una investigación en todo el espinel, desde la salida del box hasta la gatera. Y también a la cadena que va de la extracción del material de investigación a la de custodia de los frascos A y B.

 

El turf no gana para sustos. El tema es tan serio que afecta lo que queda de su credibilidad. No alcanza con que los laboratorios informen de sus hallazgos y los hipódromos después sancionen.  Se necesita anticiparse al problema.

 

Comenzar por llamar a todos los entrenadores sancionados por esta clase de doping para revisar sus casos en la búsqueda de elementos coincidentes puede ser un buen comienzo. No se trata de hacer careos, sino de conseguir testimonios que puedan ayudar a visualizar por dónde surge el problema.

 

Los cuidadores son responsables de lo que ocurre en sus studs, pero cuánto lo pueden ser desde que abandonan esos portones. ¿Existe margen para el sabotaje? ¿Te pueden plantar la droga en el caballo?  ¿Hay mafias metidas en esto?

 

¿Con qué fin dopar con cocaína a un caballo? Los que entienden aseguran que no los hace correr más rápido que lo posible. Y aquellos que han probado hasta con veneno de serpientes con tal de conseguir una aceleración milagrosa agregan a que no hay nada mejor que un gran vareo.

 

¿El motivo podría ser causar un daño? No se lo descarta. De hecho lo causa.

 

¿Dónde? Pregunta fundamental para responder. ¿Dentro o fuera de la caballeriza?

 

La semana que terminó se sumó otro caso. El del potrillo Es Torrent, anotado y borrado en la Polla de Palermo.

Si se confirma el positivo, Es Torrent será suspendido para actuar durante un largo tiempo. Perderá el motivo para el que fue criado. También un fuerte valor comercial.

 

Cuando este tipo de casos aparece la lupa se pone pronto en la peonada, donde hay consumidores como en cualquier otro lugar. El tema de las adiciones corta de manera transversal a la sociedad. Pensar que el peón le convida un papelito a un caballo parecería de ciencia ficción.  Mientras los casos no se aclaren se generalizarán las sospecha. 

 

Cuando en las carreras aparecen casos que involucra a la cocaína, se da participación a la justicia federal. Hasta aquí no ha actuado con demasiado interés ese fuero a pesar de dársele intervención.

 

El dopaje destruye la imagen del deporte. Le pasó al ciclismo que acumula numerosos casos y escándalos.

 

Aquí no llegó a la medida de escándalo sólo porque el turf es una isla y no tiene gran prensa. De lo contrario sería tema de diarios, teles y radio. En ese plano, el turf la está sacando barata.

 

Desde la Gremial Eduardo Ferro acaba de solicitar cambios en el control de doping, para duplicar las pruebas y mejorar los peritajes.

 

Los mismos hipódromos que sancionaron como manda el código a varios cuidadores grandes cuyos caballos dieron positivo a cocaína no pueden creer esos hallazgos. Consideran que no tuvieron voluntad de ganar carreras usando esa porquería. De todos modos, marchen presos.

 

A la preocupación de la Gremial también deberá sumarse la de los veterinarios, que velan por la salud de los animales, y la de los químicos, dando respuestas desde la ciencia.


Los libros de historia cuentan que los caballos han sido dopados desde desde el 590 A.C, cuando en el hipódromo de Delfos, en Atenas, competían tirando de carros y convirtiendo a los aurigas en ídolos. Pasaron miles de años y mucho sigue igual.

Un saludo,

Julio Guimaraes