"EL AÑO EN QUE VIVIMOS EN PELIGRO", SERÍA UN BUEN TÍTULO / Don Guima

Si hoy fuera 31de diciembre, escribiría una historia titulada “El año en que vivimos en peligro”. Falta la mitad para esa fecha y el turf argentino todavía lo está, más allá de cómo termine la historia de la ley impulsada por la gobernadora Vidal.

 

El peligro del turf lo genera el turf mismo. O mejor dicho quienes pudiendo, no terminan de organizar acciones a mediano y largo plazo para potenciarlo y limpiarlo con tal de hacerlo transparente.

 

Si la historia de la ley sale bien para la industria, muchos deberán agradecerle a unos pocos dirigentes y no dirigentes por su vocación para pelear por el bien del conjunto. No son demasiados. Inclusive algunos integrantes de la familia hípica deberán responder dónde estaban cuando se libraban algunas batallas que los rozaban.

 

Quienes se involucraron lo hicieron desde donde pudieron. Con desorganización a veces. Pero lo hicieron.

 

Quizá mal asesorada, Vidal ha tratado de usar al turf como un trofeo político, presentando el tema como si se tratara de  quitarle al rico para darle al pobre. Inicialmente con su discurso ganó simpatías, pero ahora que se sabe bien que la industria no es cosa de millonarios y si de trabajadores, intentará desactivar aquello que pergeñó  para no perder vistos buenos.

 

Es tan viejo como la política misma. Toda acción acarrea una reacción. La del quitarle el sostén al turf pudo  (puede) convertirse en una bomba con mecha corta.

 

Quienes se encargan de organizar los pasos futuros dicen que se advierte buena onda para  hacer ahora las cosas bien. También saben que no hay nada peor que hacer enojar al poder cuando se está en una posición poco ventajosa. No irritarlo es buena consigna.

 

La del estribo. Están pasando cosas que antes no pasaban tan seguido. Por ejemplo, positivos a cocaína en los controles de doping. Y con cuidadores de primo cartello.

 

Lo que falta es que el turf salga en los diarios por esta clase de casos. Recuerdo que allá por los comienzos de los años 90, el juez Marquevich había secuestrado a todos los caballos de un clásico debido a que tenía una denuncia que indicaba que dichos ejemplares habían corrido bajo los efectos de sustancias prohibidas.

 

Un saludo,

Julio Guimaraes