YA SE PERDIÓ LA CUENTA DE CUÁNTOS DOPINGS HAY POR AÑO / Don Guima

Seguro que ya te enteraste porque esta clase de noticias corren como reguero de pólvora. La síntesis es que una yegua preparada por Dany Etchechoury habría dado positivo en el control antidoping. El episodio se registró en Palermo y el cuidador está bajo la lupa. Y hay versiones de que pronto se conocerá otros cinco casos más de distintos cuidadores.

La reiteración de casos sorprende. Cada episodio es un nuevo atentado contra las leyes que gobiernan al turf y que todos deben cumplir. El doping provoca daños internos. Lesionan la credibilidad del deporte.

 

Hay quienes le atribuyen al doping la responsabilidad de que el público no se acerque a las carreras o se encuentre en franca retirada.  Personalmente no creo que aquí sea ese el primer motivo que justifique tribunas vacías. Inclusive me arriesgaría a decir que la mayoría de la gente de mi barrio no se enteró de que JJ fue suspendido por diez años. Y sospecho que no se han enterado porque el turf no está en su radar de vida. Sin ir más lejos, esta misma semana también se suspendió a Martín Goicoechea (un año y medio), Gabriel Degregorio (un año), Jorge Borda (un año), y Juan Benesperi (un año) y nadie salió a la calle a tocar bocinas.

 

Pero que no trascienda no implica que no preocupe. Todo lo contrario. Es un cancer.

 

Para el público cautivo que haya casos de dopings está normalizado. Y es lo peor que nos puede pasar. Ningún apostador que conozca va a cortar la Avenida del Libertador porque al caballo al que le apostó le ganaron de manera irregular. Traga saliva y estudia la carrera siguiente. Tampoco ninguno guarda los boletos por si las moscas. Se lo toma como un folclore. Como una regla del juego. 

 

Cierto es que habrá cuidadores que pasarán los próximos años ajenos al entrenamiento tradicional, que no es otro que el de ir todas las mañanas al stud y ordenar los vareos. Pero seguirán involucrados desde otros costados. Irán a los remates a comprar caballos para dueños a los que no les importe saber que han quebrantado la ley de doping en las carreras.

Si los dopings son errores de manejo o negligencias, señors, se está cometiendo muchos y seguidos.

Del lado de adentro del turf se prefiere decir que incurren en tratamientos terapéuticos no autorizados lo que para otros es correr lisa y llanamente con ayuda.

¿Hay en el turf manos negras? ¿Los casos de dopings responden a operaciones? ¿Se busca atentar contra la imagen del deporte?

El preparador es responsable de lo que ocurra en su stud y de que ninguna sustancia prohibida ingrese en el organismo de su caballo. Dany Etchechoury lo sabe. Alguna vez debió pagar por el exceso de un propietario que decidió hacer lo que no se debe.   

Más de cien casos por año de entrenadores suspendidos por infracciones a los artículos 26 y 33 de los reglamentos de carreras no es una simple desprolijidad. Es un claro síntoma de que algo malo está pasando.

La patente de entrenador de JJ Martínez será dada por caduca el mismo día en que concluya su suspensión, en 2028, y habrá que ver si se le renuevan en caso de solicitarla. Yo me inclinaría a pensar a que no.

Semanas atrás trascendió que San Isidro quería impulsar una reducción en las penas que aplica a quienes infringen la ley del doping para ubicarlas en el mismo nivel de las de Palermo. Desde mi punto de vista, habría que endurecerlas, pues parecen que disuaden o asustan.

La otra vez me quedé pensando una locura: que además de no permitirles correr  por un tiempo, a los caballos “tratados” no se les pueda volver a apostar un peso en los hipódromos. ¿Qué dueño se bancaría tener un caballo y no poder jugarle un boleto? Ya se. Estoy delirando.

 

Un saludo,

Julio Guimaraes