La gobernadora le soltó la mano al mundo de las carreras de caballos (foto símbolo)

LA INDUSTRIA DE LAS CARRERAS DE CABALLOS NO ES UN JUEGO; NO JUEGUEN CON EL TURF / Don Guima

Después de la bronca, después de hacer catarsis, después de haber llorado sobre la leche derramada, el turf deberá ponerse a trabajar económica y políticamente para convertirse en sustentable.

 El 14 de marzo se recordará como un día histórico. De los líderes del sector dependerá que sea como la fecha en la que comenzó su refundación o bien su debacle, por marcar el inicio de la extinción de la subvención que lo benefició por más de una década.

 El turf no es causa de ludopatías, como mal sospecha la gobernadora Vidal y usa de justificación para cambiar una ley que lo asiste. Según estudios, sólo el uno por ciento de quienes juegan a las carreras de caballos tiene ese problema.

El turf es una industria que participa casi en nada de la torta de los juegos por plata (y por lo tanto bajo es el nivel de ingresos que le genera a la provincia de Bs. As en conceptos de participación). A nivel país hay miles de opciones diarias para jugarse una suerte y no hay más de veinte carreras en los hipódromos en las mismas 24 hs. No es allí donde prioritariamente haya que hacer foco para rescatar ludópatas.

La gobernadora Vidal dice desalentar el juego legal y quiere combatir el ilegal. Pero no es coherente con su mensaje cuando en vez de sacar del mercado las 3800 máquinas tragamonedas con autorizaciones vencidas para funcionar  vuelve a ponerlas a disposición de los jugadores luego de adjudicarse por licitación, que ganará el oferente que asegure mayores ingresos para la provincia. ¿Entonces quiere o no desalentar el juego legal? 

Por lo visto, es tiempo de comenzar a darle gracias a la subvención por los servicios prestados y gastar el tiempo que viene en crear condiciones para el desarrollo del sector, que ha vivido de prestado por más de una década, justo es reconocerlo.

 Lo que nació siendo un salvavidas para una actividad que económicamente venía en picada terminó siendo uno de plomo; la comodidad por recibir un cheque a fin de mes; el hacer la plancha, la miopía o la creencia de que el apoyo sería eterno hizo que el turf se relajara y no apostara a al crecimiento por sus propios valores. Allí radica parte de su culpa.

Pronto no habrá subvenciones ni subsidios. Será a partir de la revisión del artículo 29 de la ley del turf que fija los porcentajes para la actividad. En esa próxima modificación que se le presentará a los legisladores para su votación el turf necesitará incorporar algún o algunos artículos que le ayuden a promoverse. Será un cambio de figuritas, si se quiere.

¿Estará dispuesta la gobernadora a autorizar nuevas bocas de expendio para el turf bonaerense cuando su caballito de batalla es limitar la oferta de juegos legales? Si lo hace, no necesitará salir a anunciarlo con bombos y platillos como sí lo hizo en las últimas horas con la reducción de partidas para la hípica, ganándose la simpatía de muchos sectores que no conocen de qué se trata el turf y obteniendo buenos índices de aprobación para las mediciones de imagen.

Con menos recursos para volcar a premios, se vendrán carreras de caballos más baratas; se pagarán comisiones menos importantes, con lo que habrá menos consumo; los dueños quizá se achiquen producto de la recesión y mantengan menos caballos en entrenamiento, lo que implicará menos peones, lo que implicará más desocupación; los criadores quizá manden a servicio menos yeguas y reduzcan personal, lo que implicará más desocupación. Y la desocupación implica no tener con que llevar un plato de sopa a la mesa. La desocupación duele en la panza.

Quizás haya llegado el momento, como piensan algunos, de que la actividad de un paso fundamental y reavive viejos proyectos  tendientes a salir de la órbita de la lotería para acercarse a otros ministerios que son más afines con las industrias como la es la del caballo de carreras.  O de trabajar por un organismo propio, que aglutine todas las expresiones ecuestres con líderes a la altura de las circunstancias.

Un saludo,

Julio Guimaraes