TAMBIÉN EN EL TURF, HAY MIL HISTORIAS QUE ESTÁN DEJANDO DE SER CONTADAS / Don Guima

¿Qué esperan nuestros lectores? ¿Para quienes escribimos? ¿Escribimos sobre temas que a ellos les interesa leer o sobre temas que a nosotros nos gusta escribir? ¿Tenemos las respuestas a esos interrogantes?

Esas preguntas, y otras, podrían incluir el temario para el debate periodístico de quienes se dedican a atender temas deportivos por ejemplo, incluido el turf.

 

En épocas de noticias en desarrollo, la primicia ha muerto. Ya no se trata de decir primero qué ha pasado. Lo que cuenta es anticipar lo que está sucediendo y si es posible lo que sucederá de inmediato. Eso le encanta a los lectores. Los pone felices. Ya no importa decirlo primero. Importa decirlo bien.

 

Quienes leen turf hace tiempo dejaron de estar satisfechos leyendo crónicas de carreras que les contaban el desarrollo cada cien metros. Mire el reloj. En este mismo momento alguien está viendo una carrera de caballos usando cualquier plataforma y recibiendo la noticia sin más intermediarios. Otro ya ha mirado el replay desde todos los ángulos. Inclusive han cobrado sus apuestas. En tiempos de whatsapp, aquel método de contar los desarrollo es tan viejo como el telegrama. Sirve, pero está pasado de moda.

 

Básicamente los periodistas hacemos preguntas. ¿También deberíamos preguntarnos si estamos haciendo bien el trabajo?

 

Sospecho que las audiencias reclaman nuevas historias sobre este deporte y diferentes maneras de contarlas. El lector promedio tiene 60 minutos para leer y quiere leerlo todo en sus redes.  Ese es el presupuesto que como máximo tiene para gastar en nosotros. Y la mayoría de esos 60  minutos los dispone en tiempos muertos. Viajando del trabajo a casa, en una fila de un supermercado, sentado en el metro.

 

Debemos, entonces, presentarle historias lo suficientemente interesantes como para retenerlos. Es decepcionante ver a un lector pasar de largo nuestro artículo para redireccionarse a otro tras haber leído solo el encabezado.

 

Las historias de caballos están disponible siempre. En cada reunión de carreras corren cientos de caballos y en cada caballo hay una para contar. Por día contamos solamente una. A veces dos.  La del caballo ganador de la carrera más valiosa. El segundo clasificado también tiene la propia y ni que hablar del último clasificado, pero las pasamos de largo.¿Estamos viendo solo el arbol y no el bosque?

Estamos haciendo mucho periodismo de opinión y poco de investigación. Es cierto que los lectores, también los anunciantes, reclaman que tomemos posturas antes determinados casos. Que contribuyamos a la opinión pública. Pero siento que hemos dejado de ser un poco Sherlock Holmes.

 

Lo conversábamos noches pasadas con algunos colegas. Las historias truculentas tienen más audiencias que las románticas, de finales felices. ¿Debemos narrar esa clase de historias sólo porque son de las más leídas? ¿Debemos hacer un delivery news, noticias al gusto del consumidor, noticias gourmet?

Los editores estamos para eso. Para ver más allá de lo evidente. Nos levantamos todos los días buscando la historia del día.

Y ellas están ahí, siempre dispuestas a ser encontradas. Sólamente hay que verlas.

 

Un saludo,

Julio Guimaraes