A SAN ISIDRO LO DEJARON SOLO EN LA LUCHA CONTRA EL DOPING / Don Guima

El  tema es el de siempre. Quién paga los costos. Hace años, pero años en serio, la hípica comenzó a reclamar un laboratorio único. El tema no tenía ateos  y menos si los fondos para crearlo surgian del Estado. Aclaro. Un laboratorio único es eso, único. No necesariamente tiene que ser bueno.

 

Ahora existe la chance de tener un laboratorio certificado, de primera internacional. Uno tan excelso  que con la tecnología apropiada pudiera descubrir qué cenó un jueves por la noche un hombre de Neardenthal antes de irse a dormir a su caverna. Si la tecno de punta puede contribuir a ese hallazgo mire si no va a poder rastrear algunas drogas de laboratorio muy cercanas.

Hasta ahí el tema tampoco tendría  detractores. Pero..., siempre hay un pero.

La tecnología es cara, cuesta plata y es entonces cuando salta el  tema de toda la vida. ¿Quién abre el grilo para ponerla?

"¡Que la ponga un privado!, proclaman por allí. "¡El privado ya comenzó a ponerla!", retrucan por allá, invirtiendo para que las carreras sean transparentes, sin trampas. Y dan datos. En octubre incorporaron un sistema de cromatografía líquida de alta performance con detector masa-masa y en noviembre se sumaron dos equipos más, con capacidad para detectar, por ejemplo, cobalto, arsénico y plomo. No es opinión, es información.

Algunos ya comenzaron a elevar la voz y criticar la decisión de San Isidro de cobrar por el servicio veterinario y laboratorio la suma de  1000 pesos por carrera a cada caballo que participe allí, menos en los clásicos.

La medida es recaudatoria para aquel fin específico y altamente impopular como puede ser el aumento de la pensión, el de las herraduras para correr o el del camión, si toca, que hay que pagar para llevar al hipódromo al caballo cada vez que está anotado.

¿Sabe qué? No escuché voces levantadas para felicitar al Jockey Club por iniciar tareas que puedan resultar en la obtención de la calificación de laboratorio de referencia a nivel mundial para el suyo. Me parece que el hipódromo de San Isidro está solo en esa cruzada. Y en realidad esto es lo que más me preocupa.

Algunos podrán sostener que el mejor laboratorio es el que es gratis. El que no tiene costos. Pero los hay. El costo es el que te hacen pagar los pillos al apelar a tratamientos inadecuados para competir intentando no ser descubiertos. Este año se volverán a superar los cien casos de utilización de drogas prohibidas en las carreras. Deciles doping, si la palabra no te asusta.

 

-¡Levante la mano quien esté en favor de carreras con trampas! O no hay ninguna o soy chicato.

A veces creo que debería ir más seguido al oculista.

 

Un saludo,

Julio Guimaraes