UN PERIODISTA HÍPICO DE LA ÉPOCA DE LA OLIVETTI Y DE LA VARA ALTA / Don Guima

Me lo cruce en un colectivo. Lo vi de lejos. Está más canoso.Camina lento. Del hombro derecho colgaba su carterita. Con el izquierdo apretaba un diario doblado en cuatro, bajo la axila. Pudo ser La Nación, Clarín o la misma Palermo Rosa.

 

De tanto no verlo casi ni recuerdo que el Loco Soto se llama Luis. El Loco era uno de esos periodistas a los que disfrutaba leer. Cuentista, fabulero, soñador, Soto era de los que tallaban fuerte en el Palco de Prensa de Palermo y San Isidro. En el del Norte fichaba de prima a bordona. Almorzaba a media tarde cuando le pedía algo rápido a Pepe, el mozo, luego de haber armado la cadena. Simón Mitagstein  o Gustavo González, otro exquisito de la pluma y el buen decir,seguro que no me dejan mentir.

 

Soto pasó por La Hoja también, aquella insuperable revista hípica que fue una adelantada para sus tiempos en  comienzos de los 80. Hombre de pipa llevar, amigo de los naipes y de Roberto Moya, el Loco Soto podía hacerle un magistral reportaje al Guri Ojeda, a Libre, a Valdi o a Robert Vasquez Mansilla sabiendo a quienes entrevistaba. Iba a verlos con la nota preparada, sabiendo qué preguntar. Mezcla de periodista con oficio y profesional. Exelente titulero. Desde sus encabezados te obligaba a seguirlo.

 

Soto, Marito Papadakis, el Gordo Cardoso, Daniel Viacaba, Nale, Lolo Amengual, Sanden, Puyané, Jaime Mitagstein, tipos que hicieron del periodismo turfístico un laburo cosa seria. Época en la que la vara estaba alta. Gente de sufrir cierres, hacer segundas ediciones y caminar redacciones. Ver al Loco Soto me recuerda que soy producto de ese tiempo y de esos maestros de periodismo en los cuales abrevaron también algunos de los que seguimos acá. Diego, Carlitos por ejemplo.

Tuvimos maestros, por suerte. ¿Me pregunto si sus alumnos que fuimos también formamos discípulos?  "A mi me forjó don Eduardo Botta en La Nación y yo te hice a vos. Vos vas a tener que formar a alguien", me dijo una noche el Gordo Cardoso, saliendo de la casa de Mitre cruzando hacia en Luna Park. Todavía no le cumplí es deseo, orden o instrucción. Quizás algún día vuelva a ver a Soto entrar por la puerta de un palco de prensa de un hipódromo buscando presuroso la Olivetti para teclear una primicia. Es una lástima. Seguro que no la va a encontrar.

 

Un saludo,

Julio Guimaraes