Bamba y Bamba puede ser el gancho publicitario que el turf uruguayo andaba necesitando. Con un poco de marketing, llenaría hipódromos / Don Guima

 

Uruguay tiene una pepita de oro en Bamba y Bamba. Si la trata bien puede convertirla en el factor que necesita para que más gente se acerque a los hipódromos. Cualquiera sea. Chiquita, corredora, de asistencia perfecta a los clásicos en varias especialidades, Bamba y Bamba puede ser boom, anzuelo publicitario, gancho. Corrió 14. Ganó 8.

 

Bamba y Bamba puede tener fans y detractores. Los que vayan al hipódromo a verla ganar y los que acudan a verla perder. No pasa a menudo que un caballo de carreras genere pasiones encontradas.

 

Con Bamba y Bamba la base está. Ni hay que pedirla prestada, porque su gente está entusiasmada con verla correr seguido.

 

Lo dicho: no ocurre siempre que un deporte tenga un talento que por su propia presencia se llenen los estadios. Australia tiene a Winx, pasión de multitudes. EEUU tenía a Zippy Chippy, un eterno perdedor al que el público iba a ver solamente para ver cómo sumaba derrotas.

 

Winx quiere batir el récord de 25 victorias consecutivas de Black Caviar. Para alcanzarla le faltan 3. Australia se paraliza cuando corre. Zippy Chippy llenaba Northampton, Thistledown, Fingerlakes. Algunos hipódromos se hicieron más conocidos gracias a él. La gente se agolpaba para verlo perder. Cien veces buscó el triunfo. Jamás lo logró. No era el menos rápido de los caballos sobre la faz de la tierra, pero el marketing lo hizo el más conocido.

Bamba y Banba corre un promedio de 1,7 carreras por mes; pesa menos de 400 kilos; sale a la pista con careta. En su chaquetilla se advierte un gran corazón. El de ella también debe ser enorme.

 

 

 

 

Su primer triunfo, en marzo

Su última victoria, la número 8