EL DIRECTOR DE HIPÓDROMOS NUNCA COMPRARÍA UN CABALLO DE CARRERAS

Puede ser un buen pibe Ricardo Burgos. Un gran hijo,  amigo, novio, pero en la función pública está ocupando un puesto equivocado.

 

Al Director Provincial de Hipódromos no le gusta el turf; como deporte elige el automovilismo. Lo apodan Tuero, como aquel piloto argentino de paso fugaz por la Fórmula 1.

 

Burgos, o Tuero, no compraría nunca un caballo. Tampoco se deja tentar. No dice que es incompatible con su función. Es de los que piensan que ser propietario es un lujo  que no puede financiarse con ingresos medios. Y dice ser su caso. Su padre es un veterinario de Concordia buen amigo de Gustavo Rapetti, quien condujo la Asociación de Propietarios de Caballos de Carrera, no mucho tiempo atrás.

 

Sub40, Burgos era jefe de Recursos Humanos del Hipódromo platense antes de dar el salto a la dirección, enrocando puestos con Malbrán.

 

Seguro que Burgos tiene buenas intenciones, pero no alcanza. No se puede aprender sobre la marcha, haciendo la escuelita mientras se conduce.