VERDADES DE PEROGRULLO QUE EL TURF DEBERÍA RECORDAR / Don Guima

El dólar sube por el ascensor y los premios de las carreras por la escalera, si no es que bajan. En dólares, lo que se ganaba por salir de perdedor con un dos años en la milla a mediados de mayo representa un veinte por ciento más que ahora. Dólar a 25 contra dólar a 29. Clarita la cuenta. Y cuánto más se deprecie la moneda argentina, más baratas serán en billetes norteamericanos. No se espere, pues, mejoras en lo inmdiato. Comentario válido  para todos los hipódromos.

 

Los premios están atados a las recaudaciones de los hipódromos y de los tragamonedas. Cuanto menos se juegue a las carreras porque no sobra en los bolsillos,

menos irá a las bolsas. Si caen las apuesta en los slots, pasará lo mismo.

 

Así es que las bolsas de premios que cobrar los propietarios de caballos  están en manos de los burreros y de quienes juegan suertes a sacar un 777 en un bingo bonaerense. Es una verdad de Perogrullo pero a la que debería atenderse más seguido.

 

Los dineros que integran el Fondo Provincial del Jugo, donde abreva el turf, no salen de un repollo. Se juntan con parte de las ganancias que obtienen los bingos porque tienen clientes, y los cuidan. Sin apostadores de bingos no habría Fo Pro Jue y sin Fo Pro Ju casi nada para reclamarle a Eugenia Vidal.

 

No está mal recordar que el turf vive de apostadores propios a los que pocas veces mima y ajenos a los que no conoce. La próxima vez que vaya a un Bingo, si lo hace amigo lector, agradecele al primer jugador que vea. Gracias a lo que se deriva por sus apuestas al sector social hay hospitales, bomberos y escuelas. También gracias a ellos hay caballos de carrera. Cuando ya no haya un peso para apostar, ahí sí que el turf entrará en picada.