Yo también banco al Laboratorio de San Isidro

El Pellegrini del Año no es un premio que se elija mediante votos. Es el de una institución, en este caso el Jockey Club Argentino, que se entrega por intermedio de su presidente, quien lo da en forma directa. Podría haber sido también una Orden de Honor. Una condecoración. Una medalla al mérito.

Se usa, se ha usado y se usará para resaltar un personaje, una contribución a la hípica; también para sentar una posición o enviar un mensaje. Puede ser premio deportivo o político.

El Jockey Club lo creó porque quiere y porque puede. Si a alguien no le gusta el destinatario tiene el derecho de hacer uno propio y entregarlo a quien quiera.

Este año, el presidente del Jockey Club decidió concederlo al Laboratorio del Hipódromo de San Isidro, " en función de los avances realizados para que el turf tenga un pasaporte internacional confiable y por los compromisos asumidos".

Quizás algunos esperaban un destinatario más ligado con los ganadores de las ternas que para cada rubro votaron otras entidades y medios de prensa.  Por eso se sorprendieron con el conejo que Crotto sacó de la galera. Entendieron que era un autopremio. Un premio espejo. Una selfie.

Tal vez haya que explicar una y otra vez que el laboratorio, su trabajo, avances, seriedad y futuro hacen a la confiabilidad que necesita todos los integrantes de la industria; incluidos los sorprendidos en la noche de los Pellegrini.

Sentir como ajeno a un laboratorio ya destacado y en camino a tener todos los certificados sería no recordar que el control del doping es uno de los pilares del deporte.

El laboratorio es amigo y está en favor del turf, aunque hay sectores que lo ven cómo la policía de la hípica, que los mete presos cuando rompen los reglamentos.

Un saludo,

Julio Guimaraes