Con Invasor, en primera persona

Lo toque. Le sentí el olor. Lo lleve de la brida en el haras Cuatro Piedras. Solo me faltó montarlo. Pude ir a verlo ganar la Breeders' Cup como enviado especial de La Nación en 2006, pero por entonces Héctor D'Amico, secretario general de redacción, consideró que hacer el viaje era caro y el caballo no daba muchas garantías. Terminamos mirándolo ganar juntos por Internet. Yo alentando desde acá, frente a la compu de mi escritorio, y Héctor, uno de los tres mejores secretarios generales de LN que haya conocido, rojo de colorado y admitiendo el desacierto periodístico.

 

Invasor fue un crack de las pistas y, hasta ahora, un padrillo intrascendente en el haras. Tanto que el precio de sus servicios de desplomaron en Shadwell, hasta ser trasladado al haras uruguayo para una segunda campaña como reproductor. En Cuatro Piedras ( http://www.cuatropiedras.com  , el espléndido haras de Pablo Salomone y Claudia Rosas, ya nacieron sus primeros hijos y en dos años comenzarán a verse los frutos.

 

Invasor no me pareció un caballo impresionante desde lo físico; si no me enteraba que el que llevaba de paseo era un ganador de Dubai World Cup jamás lo hubiese imaginado. Pero me lo cuentan y me emociono por estar delante del, acaso, más trascendente caballo criado en suelo argentino en los tiempos modernos. Gus Dupratt me hizo fotos para la posteridad.

 

De chico lei "Platero y yo". De grande escribiré "Invasor y yo" .

 

El  crack tiene carácter. Me tiró a morder un par de veces. Intentó embocarme con su cabeza. Quizá pensó que mis dedos eran zanahorias. Por poco no se queda con uno. Luego, se lo entregué a su padrillero.

Un minuto después me llevé la mano derecha a la nariz. Sentí olor a transpiración. Nunca supe si era el sudor de Invasor o el mio, por los nervios. Por si acaso, no me volví a lavar las manos hasta la noche.

Por

Julio Guimaraes